“Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Esta frase del Padre Nuestro tantas veces pronunciada en nuestras oraciones ¿no es acaso traer el reino de Dios al de los hombres y entregarse a la voluntad del Padre como lo hizo Cristo?. Como seguidores de Cristo, nuestro fin es cumplir la misión encomendada, es vivir su amor. Tal como Domingo Savio: es vivir la alegría y el amor hecho servicio en lo cotidiano.
Al recibir el cuerpo de Cristo en la eucaristía nos unimos a Dios y a nuestros hermanos, desde esta unión brota en nosotros el deseo de servir. Jesús mismo se retira para orar en el desierto o en el monte, ¡Qué mejor ejemplo que este antes de emprender nuestro apostolado!. Siguiendo la misión de Jesús, descubriremos que el fin encomendado por el Padre son sus hermanos, su prójimo.
El Padre Hurtado expresará “Cristo se ha hecho nuestro prójimo, o mejor nuestro prójimo es Cristo” a este amor se le llama caridad que no es lo mismo que limosna. Jesús sentía el dolor de sus hermanos y se hizo samaritano compadeciéndose de ellos y sirviéndoles de la mejor forma posible.
En este tiempo descubramos a los más importantes para Dios: los pobres, los presos, los heridos, los niños y jóvenes, los mendigos y todos los hermanos necesitados. Descubramos en el prójimo que sufre, a Cristo mismo que nos invita a encontrarnos con Él.
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